Coleccioné entonces distintos recuerdos a los cuales les supe encontrar la connotación divertida y también para reflexionar un poco.
Tienen que ser contadas a aquellas personas que saben pispear en lo sencillo lo que es verdaderamente significativo.
La cuestión está en definitiva en saber a que le doy importancia. Porque si es por contar una anécdota lustrosa y ruidosa que con bombos y platillos anuncie un hecho brillante, creo que sería mas fácil,pero para mi gusto, un poco aburrido. Pero arreglarse con lo puesto y tomarse de lo mas simple, creo, sinceramente, que no es para cualquiera.
En uno de esos viajes por un camino solitario, donde no se veía a ningún cristiano por los alrededores y casi ni volaba una mosca; se soltó el extremo del caño de escape y resultaba imposible seguir transitando .La única solución viable era conseguir un trozo de alambre para atarlo, cosa casi muy complicada de lograr en esa situación. Tenía dos alternativas, desesperar o no desesperar. Optar por la segunda era la mas lógica y positiva.
La pregunta sería ...¿existen algo así como los milagros? ....De ser así, podría suponerse que tienen que ser ruidosos y, hasta salir en los diarios y la televisión. Dejo en el aire esta inquietud, que por cierto da para mucho.
El hecho concreto es que no desesperé; allí en medio de aquellas soledades, expuesto a que ya empezaría a oscurecer.
Fue entonces y al poquito tiempo que, confieso, me había parecido algo eterno, apareció un camión transportando alambres; iban trabajadores que estaban encargados de dividir los campos y reparar lo que hiciere falta en ese sentido. Era la primera vez en tantos viajes, que veía uno de esos, justo cuando lo precisaba.
Entonces me acerqué a ellos y, como decimos en Argentina, "siempre hay un gaucho en las Pampas". Obviamente solucioné el problema del auto y pude continuar con el viaje gracias al trozo del citado material que me dieron con toda naturalidad y sin hacer mucho ruido.