miércoles, 15 de mayo de 2013

LA FIEBRE DEL ORO













convocatoria juevera
breve relato
PROPUESTA DEL AMIGO JUAN CARLOS EN SU BLOG "¿Y QUE TE CUENTO?"








Habían movimientos nada habituales en el vecindario. Se agolpaba la gente en los lugares estratégicos para los rumores; en la plaza, en la capilla, en la feria de verduras y en los distintos puntos en los que solían detenerse a conversar y pasarse las novedades...


¡Es que había muerto el anciano del rancho del bosque! Era recordado como El Viejito Feliz y ello era por su cordial y alegre manera de ser, ya que lo querían hasta los pajaritos y muchas veces fue visto cantando con los duendes que solamente el tenía la capacidad de reunir; ya que es muy sabido que esos seres tan sensibles son especialmente asustadizos cuando las personas presentan solamente un atisbo de intranquilidad o maldad en sus corazones. ¡Asi de bueno había sido el viejito!
¡Su  muerte toda una sorpresa! A pesar de que tendría mas de ciento cincuenta años se decía exageradamente, como suele gustarse en los chusmeríos. Además nunca se había pensado en la natural posibilidad de su deceso, como ocurre frecuentemente con personas como ésta.

Lo que realmente era cierto es que estaba muerto y había sido encontrado muy solo en su humilde pocilga y con una gran sonrisa dibujada en su rostro. Y para agregar, junto al cadáver sin descendientes había una carta toda amarillenta que decía algo sobre un tesoro que habría debajo de la cascada del bosque.

 Todo el mundo salió atropelladamente corriendo a buscar tal tesoro empujándose unos a otros y hasta pasándose por encima para poder llegar primero. A tal punto, que varios murieron en el intento.

La carta hablaba de enormes pepitas de oro, por lo que el entusiasmo se convirtió en una incurable enfermedad que provocó que viniesen personas hasta de otros paises. Lo cual ocasionó enfrentamientos diplomáticos y armados. Y dentro del mismo pueblo el odio que nunca había habido, comenzó a desarrollarse entre todos y cada uno de sus habitantes de una manera irrefrenable.Asimismo adentro de las mismas casas ya no se podía estar en paz, los mismos ocupantes se habían vuelto intratables entre si.

Lo que es mas importante es que nadie se había interesado por el viejito, el cual quedó tirado en su casa pudriéndose...

Ni nadie sabía la causa real de su muerte y se habían olvidado de nuestro anciano. Hasta que solamente un vecino que había sido su único y real amigo, se acercó a su ranchito para hacerle los honores de un entierro digno antes que los gusanos terminaran con el.

Al acercarse encontró nuevamente la carta amarillenta que nadie había terminado de leer. Había en ella una frase en la que el decía que "el oro traerá la guerra, y si este se acaba vendrán otras ambiciones  y el hombre no cambiará, por eso prefiero la pobreza, porque si busco un poquito de ese oro, me enfermaré y siempre querré mas perdiendo entonces mi propia paz".

Como toda historia sencilla y vieja, la moraleja es compleja, por eso la dejo a cargo de quien me lea. Gracias amigos.

                                    

                                       LAO   PAUNERO













25 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Precioso y cierto relato. El oro más grande es encontrar la paz interior.

Saludos cariñosos Lao.

Natàlia Tàrraco dijo...

Bienvenido a los jueves, tu relato es moraleja, dejó el dulce viejito un mensaje envenenado por culpa de la prisas codiciosas, falta calma, paz, serenidad, leer los mensajes hasta el final, aprender el mensaje que dejó el anciano con su vida.
!Salve! un abrazo.

Alicia Gonzàlez dijo...

Una historia con moraleja y de lo más acertada, el dinero nos ciega y nos vuelve irracionales hasta extremo de avergonzarnos de nuestra acciones. Besote

Lucia M.Escribano dijo...

Querido amigo, la ambición, y la avaricia, nubla la vista del hombre, hasta tal punto que no consigue distinguir la riqueza de la vida de anciano. Saber que encontro la calma y la felicidad interior antes de marchar,al fin es lo que todos pretendemos aprender por el camino.
Besos brillantes

maria cristina dijo...

"La moraleja es compleja", rima acertada, tal vez se podría resumir en que la ambición ciega a las almas, un abrazo Lao!

magu dijo...

QUERIDO DON LAO

Pobre viejito ¡
nadie merece morir solo y triste
estoy sensible, me recuerda a la viejita CELINA de MASCHWITZ que dicen que murió golpeada por ladrones en su ranchito sin luz, viuda, sin pensión, con luz a gas, nomás, con su perrito FIEL (así se llamaba) DIOS quiera que esté en el cielo con el perrito. Porque los perritos merecen un cielo de amor con sus dueños
Perdoname, me da demasiada tristeza leer esto. Hoy decí dólar u oro, todo eso destruye, y la ambición de los poderosos, y la ambición de los arribistas chupamedis de lsop poderosos, y tood al que le gusta rascar un poco de poder atropellando, avasallando, intimando y obligando al otro a cumplir sus propósitos. RECEMOS Y MEDITEMOS LAO, para que todo el mundo sea bueno, para que el verdadero tesoro buscado, acuñado, repartido y que gobierne sea EL AMOR
beso
magú

Adela dijo...

La actitud de todos los que corrieron en busca del tesoro, además del apego al dinero, demuestra que ninguno era su amigo.
En lugar del viejito, que seguramente estaba observando todo, estaría feliz con un solo amigo y los duendes en mi entierro en lugar de estar rodeado de hipócritas.
Lindo relato, señor.-

Cecy dijo...

Cuando leyeron oro, el brillo los cegó, si hubiesen llegado al final de la carta, si hubiesen conservado el oro, en la vida tranquila y amigable.

Un abrazo :)

Sindel dijo...

La ambición es la peor ceguera, no deja ver lo que viene después. El verdadero tesoro es poder morir en paz con uno mismo.
Buena historia!!!
Un abrazo.

Juan L. Trujillo dijo...

La amistad es siempre desinteresada, pero siempre premia.
Muy buen relato.
Un abrazo.

Valaf dijo...

De alguna manera me recordaste la historia de El Dorado. Cierto, ese elemento amarillo corrompe. Y es curioso, decían los antiguos que para fiarse de alguien, este ya debía contar con el oro desde la cuna, quizá así no le diera importancia y fuera a por otras cosas más humanas.

Un saludo

Neogéminis dijo...

En la historia de las quimeras humanas la búsqueda del oro ha traspasado a todos los pueblos, los sectores sociales, nadie se salva...el espejismo de la riqueza fácil suele ocultar el verdadero drama que subyace detrás de esa apariencia dorada y tentadora: la miseria humana, cuando existe, aparece con sólo rascar.

Un abrazo

Abuela Ciber dijo...

Precioso Lao, y...tierno.
Si realmente la busca de El Dorado no trae muchos beneficios.

Cariños

Charo dijo...

Bonito cuento, con moraleja y todo. Qué lástima, la avaricia nos ciega y nos impide ver lo más importante que son las personas. Un beso

Tracy dijo...

Un buen relato del que se pueden sacar muy interesantes moralejas para que cada cual elija la que más le interese.

Carmen Andújar dijo...

la ambición desmedida trae desgracias y en esta historia así se ve. El más listo fue el pobre abuelo, que al menos tuvo un amigo.
Un abrazo

Fabián Madrid dijo...

El oro no esta escondido en el interior de la tierra, a lo mejor está en el interior del corazón. Un abrazo.

G a b y* dijo...

La ambición da empujones salvajes, al punto de perder el eje de lo que es verdaderamente importante. El pobre viejito lo sabía, así que murió con su sonrisa puesta y en paz.
Muy buen relato, que pone al crudo una realidad humana bastante dura.
Un beso Lao.
Gaby*

San dijo...

Buscamos y ambicionamos la riqueza sin darnos cuentas de lo cerca que la podemos tener, el viejecito fue sabio.
Un abrazo.

ibso dijo...

Es un espléndido cuento, y como dices, con una moraleja compleja y profunda.
No obstante lo dicho (y como, incluso sin querer, me gusta buscarle las vueltas a todo)... un pequeño inciso: ¡pero que cabroncete era este viejecito!. Tan tranquilo y bondadoso él y va y deja esa carta sabiendo lo que iba a provocar. ¿Se reiría por eso? jajaja.
Un abrazo, Lao

Juan Carlos dijo...

Guau.
Esa, la del viejito, si es sabiduría.
Me acordé, leyéndote, del hecho histórico que cuenta Leonor, donde ocurrió algo ligeramente similar, pero en paz y quedando el tesoro tan repartido que nadie se hizo rico.
Bonito e imaginativo tu relato.
Un abrazo.

Pepe dijo...

La codicia humana tiene en su núcleo un germen destructivo. Saca de nosotros los peores instintos.
Un abrazo.

miralunas dijo...

no sé porqué, antes de leer el relato, leí tu perfil, Lao.
pues que el relato te refleja, Lao.
me ha encantado leer ambas cosas.
te dejo un abrazo.

casss dijo...

Lindo y ejemplalizante relato, amigo Lao. Un gusto leerte y saber que nos conmueven algunos valores en común, sobre todo los más importantes!!!

un fuerte abrazo

esteban lob dijo...

Gran moraleja.
Lamentablemente pasarán los años y la "fiebre del oro" seguirá emponzoñando las almas.