viernes, 20 de noviembre de 2009

VIAJE

Justamente después de la Revolución Libertadora de 1955, yo tenía nueve años. Mis padres resolvieron que viajásemos todos al Uruguay, aunque la mayor parte del tiempo, el iba a permanecer en Argentina por su trabajo, según recuerdo. Me parece que tuvieron en ello, dos intenciones, la de buscar protección por el riesgo de nuevos enfrentamientos y tal vez, encontrar algo de diversión.

Cuando llegamos al puerto de Montevideo me encontré un montón de tios y primos con carteles de bienvenida y haciendo mucho barullo.

Desde los primeros días a mi me dejaron mayormente en la casa de mi madrina, que a su vez era tía materna. De ello tengo muchos recuerdos.
Por ejemplo,como fue que el mismo día de la llegada, me quedé solo, jugando entusiasmado con unos soldados de plomo que eran de mis primos.

Muchas cosas conocí en ese viaje, además de las lindas playas que hay allí. El carnaval tipo carioca que se festejaba todo el día y se escuchaba el continuo sonar de los tamboriles en la calle. Hasta participé de una murga callejera con mis primos cantando y haciendo sonar tachos y ollas. En esa ocasión me llenaron los bolsillos, con las propinas de las monedas de bajo valor, que allí las llamaban "vintenes" creo.



Lo mas trascental e inesperado que sucedió en esos días de viaje es que en mi país se desató la epidemia de Poliomielitis o Parálisis Infantil. Por ese motivo tuvimos que permanecer en el Uruguay mucho mas tiempo del previsto. En la Argentina se había declarado estado de emergencia nacional y, proporcionalmente, muchos chicos resultaron afectados por esa enfermedad, para el resto de su vida.

Hay veces en las que uno ignora la medida en que está protegido por las circunstancias...

Casualmente el otro día conocí a un hombre que quedó afectado en esa oportunidad, en una de las piernas y la cadera, quedando signado para siempre; su existencia tomó un giro al que se sumaron las limitaciones económicas.

Tal vez si no hubiéramos viajado, habría sido muy probable de que alguno de nosotros enfermara; teniendo en cuenta la cantidad de hermanos que éramos y lo que las estadísticas reflejaban sobre esa terrible epidemia.

Cuando regresamos, me puse al tanto de que se habían conformado movilizaciones vecinales y organizaciones de voluntarios para reunir recursos de toda indole, destinados a brindar ayuda a los afectados. A partir de esos grupos, derivaron instituciones destinadas a niños y adultos con problemas de motricidad, de las cuales la mayoría aun permanecen en todo el territorio argentino.

6 comentarios:

M. dijo...

Lao, cada vez me parecen más interesantes los relatos. Comento en el último aunque leí todos los anteriores. La foto que te gustó de mi blog, es el cartel de una película que se llama Angel-A (por si te interesa).

Lao dijo...

M. gracias por leer los relatos, me alegro que te hayan gustado y por comentarme lo de aquella foto. Muchos saludos.

Lembranza dijo...

Me gusta tu forma de relatar tu vida, parece que estas contando una historia. Una suerte que no estuvieras allí en aquel momento, mucha gente la padeció entonces. Ahora esta casi erradicada, gracias a las vacunas. Un beso

Lao dijo...

Lembranza. Muchas gracias...si no fuera por las vacunas...saludos!

Gamar dijo...

Se confirma mi idea, muchas veces discutida, en la que pienso que cualquiera que sea bueno narrando, tiene en su historia un libro perfecto.
Muy interesantes los relatos y además dejan interesantes moralejas. Casualidades que cambian el rumbo de una vida.
Muy bueno como siempre.
Un abrazo

Lao dijo...

Gamar. Muchas gracias por ésto. Me alegro te hayan gustado. Un abrazo.