viernes, 27 de noviembre de 2009

SAUCES

En casa había muchos árboles y cada uno tenía un lugar especial, un sentido, una historia, un significado.
En algunos de ellos me subía para jugar y, otras veces me tocó hacer cargo de la poda, munido de un hacha y un serrucho y su posterior fraccionamiento en el suelo, haciendo troncos que se destinaban para calefacción o para la parrilla durante el año siguiente, cuando estuviesen secos.

La pila de ramas que solía armarse era grande y era tradición jugar con ella, junto a mis hermanitos, haciendo cuevas. Costumbre que continuaron mis hijos por una transmisión casi genética, donde luego se incluyó nuestro nieto.

Había dos sauces que con sus ramas colgadas hasta el suelo, fueron parte de mis fantasías. Con ellas jugaba con mis hermanos, imaginando que eran monstruos submarinos y otros juegos imaginarios.

Pero hubo otro fuerte sauce, del que dos de sus ramas plantadas habían dado origen a los que nombré primero. En éste mismo, mi hermano mayor construyó su casa de árbol. Transcurrido un tiempo, cuando dejó su proyecto, continué la obra con mi propio estilo, utilizando maderas de cajón, eso creo que fué a los once años.

Transcurrido mucho tiempo, me fuí de casa a trabajar y a gran distancia. Quien hubiera imaginado que mi hermano menor, doce años mas chico, por propia iniciativa y creatividad hiciera su propia casita en el árbol, donde seguramente habrá encontrado restos y huellas de las anteriores.

Soñando despierto, imagino que tal vez haya algún chico, medio siglo después, jugando en el mismo árbol. Y que quien sabe los duendes de mis dos hermanos y los míos, se encuentren reunidos en ese mismo lugar.

12 comentarios:

YO, la peor de todas dijo...

Què hermoso. Habìa un sauce en la vereda de mi casa cuando era chica.
Recuerdo sus ramas acariciando las baldosas y dando sombra en el caluroso verano.
Pero un àrbol que me conmueve y me despierta el deseo de volver atràs es el tilo. El perfume del tilo en esta època tiene tanto olor a limpio, a verano, a descanso.
Me encanta.

Lao dijo...

YO,la peor de todas. Es cierto lo del tilo,la Ciudad de La Plata, cerca de donde vivo y donde pasé gran parte de mi vida por el estudio y el trabajo, se destaca por la cantidad de tilos que tiene plantados
y cuando llega el verano se encuentra muy perfumada por éstos. Gracias, muchos saludos.

Vaeneria dijo...

Que lindos que son esos recuerdos, haber vivido esos momentos de magia y fantasía, dónde no había nada imposible, y los límites los daba la imaginación, aunque yo digo que la imaginación no tiene ningún límite. Me trajo lindos recuerdos tu relato. Gracias por compartirlo.
Saludos :)

ojo dijo...

Si están los sauces, seguro que hay algún pibe jugando.

Que importantes son los árboles.
Hace unos días fui al interior a trabajar y debimos entrevistarnos con un paisano muy veterano. Perdió la mujer hace un mes, y se veía el frente de la casa totalmente pelado. Únicamente había plantado un jazmín.
El hombre hablaba de lo que le costaba la soledad.
Bueno, me fui un poco de tema. El caso es que recuerdo haber pensado que con dos anacauitas, o dos pinos, o algun otro árbol, podíra otorgársele mas vida a la casa.

Abrazo!

Lembranza dijo...

Que bonitas las casas en los árboles, creo que yo todavía ahora, tendría una. Mucha nostalgia del pasado. Nosotros íbamos con las vacas y jugábamos a las casitas, en los sauces que había al lado de un regato. El sitio era idílico, todo muy verde, muchos arboles y vacas pastando. Un abrazo

M. dijo...

Tu escrito se dibujó en mi imaginación. Gracias por tu comentario, y el que te gustó de mis relatos, fue en parte un homenaje a los tuyos.

Lao dijo...

Vaeneria. Es cierto la imaginación no tiene límites y es "toda nuestra", muchas gracias,muchos saludos.

Lao dijo...

ojo. Muchas gracias por tu comentario
es cierto lo que acompañan los árboles...reflejan eternidad. Acompañan la soledad...Un abrazo!!

Lao dijo...

Lembranza. Lindos recuerdos tenés...yo también tendría otra casita de árbol. Muchas gracias. Un abrazo

Lao dijo...

M. Muchas gracias!!!

querés melón? dijo...

Me pasé toda la infancia arriba de los árboles. Sé perfectamente de lo que hablás. Son lo más.

Y a veces los extraño.

Lao dijo...

querés melón? - Hola!! Podés creer si te cuento un secreto? Tengo 63 y de vez en cuando me subo a los árboles. Me alegro entiendas mi pasión... o tal vez sana adicción. Muchos saludos.